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¿Recién te Diagnosticaron Con Diabetes?

Si eres como la mayoría de las personas, entonces seguramente conocías muy poco sobre la diabetes, antes de enterarte que tenías este padecimiento. Después de tu diagnóstico, tus próximas visitas al médico probablemente se hayan convertido en un curso intensivo sobre la diabetes, donde te enseñaron controlar tu nivel de glucosa en sangre, inyectarte insulina o seguir un horario para tomar píldoras, ajustar tus hábitos alimenticios, y mucho más.

Casi con toda seguridad podemos afirmar que tu médico te explicó qué es realmente la diabetes y cuáles son sus causas, pero en medio de la preocupación por la enfermedad y con tanto que aprender a la vez, es posible que no recuerdes lo que te dijo, o que te sientas confundido con tanta cantidad de información sobre el tema.

Pero no te preocupes más. Primero porque has llegado al lugar correcto. Y segundo, porque no estás solo o sola. Como te decíamos arriba, a la mayoría de las personas les pasa lo mismo. A todos les es difícil al inicio asimilar tanto volumen de información nueva, especialmente cuando te enfrentas por vez primera a la terminología de la diabetes y sólo has comenzado a adaptarte a la idea de padecer la enfermedad. Es lógico y es normal que hayas omitido mucha de la información esencial sobre las causas subyacentes de tu diabetes.

Sin embargo, comprender QUÉ ES, CÓMO y POR QUÉ se desarrolla la DIABETES puede ayudarte a participar de manera más activa en tu tratamiento y en mantener un estado adecuado de salud.

Los Dos Tipos de Diabetes Más Comunes

La “diabetes mellitus“, generalmente conocida simplemente como diabetes, se caracteriza por un alto nivel de glucosa en sangre. Ese es el principal rasgo distintivo de este padecimiento y es lo que casi todo el mundo conoce acerca del mismo.

Pero no existe una sóla forma de diabetes, sino que hay varios tipos diferentes, cada uno con una causa subyacente única. Las formas más comunes son la Diabetes Tipo 1 y la Diabetes Tipo 2. Ambas se consideran enfermedades crónicas, lo que significa que una vez diagnosticadas, no desaparecen. Puedes vivir con ellas, e incluso vivir feliz y saludablemente, pero no las vas a poder apartar de tu vida. Es una dura realidad con la que hay que convivir y es mejor no despertar falsas expectativas.

Los niveles de glucosa en sangre que son más altos que lo normal pero no lo suficientemente altos como para ser diabetes han dado en llamarse prediabetes.

La Diabetes Tipo 1 solía llamarse diabetes juvenil o insulinodependiente, y la Diabetes Tipo 2 se llamaba diabetes de inicio o no dependiente de insulina. La American Diabetes Association ahora se inclina por el uso de los términos Tipo 1 y Tipo 2, que se definen en función de la causa que provoca la diabetes, no por la edad de una persona en el momento del diagnóstico o según el método de tratamiento.

Diabetes Tipo 1

La Diabetes Tipo 1 ocurre cuando el sistema inmunológico del organismo humano lanza un ataque contra las células beta productoras de insulina en el páncreas. Hasta el día de hoy no tenemos una comprensión absoluta acerca del  por qué el sistema inmunológico actúa de esta forma, pero se cree que están involucradas tanto la genética como algún tipo de desencadenante ambiental. O sea, que de una forma u otra parece que influyen tu herencia genética familiar, dónde vives y cómo vives.

Ciertas combinaciones de genes hacen que algunas personas sean más propensas a desarrollar la Diabetes Tipo 1, pero la tendencia genética sola no es suficiente, pues no todas las personas con alto índice de riesgo llegan a contraer la enfermedad. Por ejemplo, en gemelos idénticos (que por definición tienen la misma composición genética), cuando un gemelo tiene diabetes Tipo 1, sólo en el 50% de los casos el otro gemelo también la desarrolla.

Se cree que para que una tendencia genética hacia la Diabetes Tipo 1 sea “expresada“, una persona debe estar expuesta a un “disparador” ambiental que pone en movimiento el proceso autoinmune. Se han identificado muchos factores desencadenantes potenciales, incluidos los virus, la albúmina de suero bovino (una proteína en la leche de vaca), las hormonas y toxinas ambientales, etc., pero no se ha demostrado definitivamente que alguno o todos ellos conduzcan inevitablemente al padecimiento.

Una vez que el proceso se pone en marcha, el sistema inmunológico produce anticuerpos contra las células beta y la insulina y comienza a destruirlos, pues como ya seguramente sabes, en circunstancias normales, los anticuerpos buscan e identifican sustancias extrañas dañinas dentro del cuerpo, como bacterias o virus, para su destrucción. Este proceso comienza muchos años antes de que se diagnostique la diabetes. De hecho, es posible identificar a las personas que corren el riesgo de desarrollar Diabetes Tipo 1 al examinar su sangre y encontrar anticuerpos contra las células beta y la insulina.

Con el tiempo, la cantidad de insulina producida por el páncreas y la cantidad que circula en el torrente sanguíneo van disminuyendo progresivamente. Los signos y síntomas resultantes de la Diabetes Tipo 1, que incluyen niveles altos de glucosa en sangre, pérdida de peso, aumento de orina, hambre y sed, y grandes cantidades de cetonas en la sangre y la orina, generalmente ocurren después de que la mayoría de las células beta han sido destruidas.

Ante la ausencia de insulina, la glucosa en el torrente sanguíneo no se puede transferir a las células como lo haría normalmente, lo que da como resultado altos niveles de glucosa en el torrente sanguíneo y un estado de “inanición” dentro de las células. Los riñones filtran el exceso de glucosa de la sangre, lo que provoca aumento de la orina, sed y la deshidratación. Las células hambrientas, que ya no pueden usar la glucosa como energía, ahora comienzan a usar grasa, lo que resulta en la pérdida de grasa corporal y la producción de cetonas (subproductos químicos del metabolismo de las grasas). Si no se trata a tiempo (con insulina), la combinación de niveles altos de glucosa en la sangre, los altos niveles de cetonas y la deshidratación puede conducir a una afección muy grave llamada cetoacidosis diabética y, potencialmente, a la muerte.

Algunas personas con Diabetes Tipo 1 experimentan un período de “luna de miel” después del diagnóstico, durante el cual el páncreas recupera la capacidad de producir insulina y requieren inyectarse muy poca o ninguna insulina, pero esto generalmente dura poco tiempo. En unos pocos meses, la mayoría de las personas tienen muy poca capacidad para producir insulina y requieren una fuente externa que les suministre la misma.

Diagnóstico y Tratamiento de la Diabetes Tipo 1

Existen diversas pruebas de diagnóstico para la Diabetes Tipo 1, como:

  • la Prueba de Hemoglobina Glicosilada (A1C), que mide el porcentaje de azúcar en sangre unido a la hemoglobina. Un nivel de A1C del 6.5% o más en dos pruebas separadas indica la presencia de diabetes.
  • el Examen Aleatorio de Azúcar en la Sangre, el cual si reporta más de 200 mg/dL o más indica la probabilidad de diabetes, sobre todo si se acompaña de mucha sed y la necesidad de orinar frecuentemente.
  • el Examen de Azúcar en la Sangre en Ayunas (tras una noche sin comer nada), donde si se obtiene un nivel de azúcar en sangre entre 100 y 125 mg/dL se considera prediabetes y si pasa de los 125 mg/dL, entonces ya estamos en presencia de diabetes.
  • cuando el diagnóstico no es certero, el médico puede recomendar también hacerte análisis de sangre para determinar la presencia de los anticuerpos que son frecuentes en los casos de Diabetes Ripo 1.

En este caso, el objetivo a lograr es mantener el nivel de azúcar en sangre tan cerca de lo normal como sea posible a través de diversos tratamientos que incluyen:

  • Administración de insulina, lo que no puede hacerse por vía oral debido a que las enzimas la descomponen y obstaculizan su acción.
  • Realizar un recuento de hidratos de carbono, grasa y proteínas.
  • Medir frecuentemente el nivel de azúcar en la sangre.
  • Recetar otros medicamentos según proceda, como aquellos dedicados a controlar la presión arterial, aspirinas y/o medicamentos para disminuir los niveles de colesterol.
  • Promover hábitos alimenticios saludables.
  • Hacer ejercicios con regularidad para mantener un buen control de peso; y
  • El uso de un Páncreas Artificial, lo cual fue aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos a partir del 2016.

Diabetes Tipo 2

La Diabetes Tipo 2 es mucho más común que la Tipo 1 y tiene un vínculo genético más fuerte. (Si un gemelo idéntico desarrolla Diabetes Tipo 2, hay un 90% de posibilidades de que el otro también lo haga). Los síntomas de la glucosa sanguínea alta son menos pronunciados en la Diabetes Tipo 2 en comparación con la Diabetes Tipo 1; debido a esto, el diagnóstico a menudo ocurre muchos años después de que la diabetes se desarrolla inicialmente. Sin embargo, el daño al organismo comienza incluso en ausencia de síntomas agudos: se sabe que los niveles de glucosa en sangre por encima de lo normal aumentan las posibilidades de que una persona desarrolle enfermedades del corazón y otras complicaciones de la diabetes.

A diferencia de la Diabetes Tipo 1, la Diabetes Tipo 2 no es causada por un ataque autoinmune. En cambio, generalmente hay dos problemas subyacentes: resistencia a la insulina y producción inadecuada de insulina. La resistencia a la insulina se manifiesta cuando las células del cuerpo tienen una respuesta disminuida a la insulina. En circunstancias normales, cuando los niveles de glucosa en sangre son altos (después de comer, por ejemplo), el páncreas libera insulina en el torrente sanguíneo. La insulina luego interactúa con las células musculares, las células adiposas y otros tejidos, lo que les permite transportar la glucosa a las células para quemarla como energía o almacenarla para usarla más adelante.

Cuando existe resistencia a la insulina, estos mensajes importantes no se transmiten. ¿Recuerdas aquel juego de cuando eras niño, cuando una persona le susurraba una palabra a la persona que estaba a su lado y esa persona le susurraba lo que oía a la siguiente persona, y así sucesivamente? Para cuando el mensaje llegaba a la última persona, la palabra o frase generalmente había mutado a algo completamente irreconocible. Se piensa que una falla similar en la comunicación ocurre en la resistencia a la insulina, donde la señal de la insulina se confunde, y la célula no responde normalmente, tomando mucha menos glucosa de lo normal.

Cuando los niveles de glucosa en sangre permanecen altos, el páncreas continúa secretando más insulina para compensar su efectividad disminuida y, finalmente, la glucosa en sangre vuelve al rango normal. Con el tiempo, sin embargo, el páncreas pierde la capacidad de producir suficiente insulina adicional para compensar la disminución de la eficacia de la insulina, y los niveles de glucosa en sangre se mantienen altos. En este punto, una persona puede ser diagnosticada con diabetes o prediabetes, dependiendo de su nivel de glucosa en sangre en el momento de la prueba.

El hígado también juega un papel clave en la regulación del nivel de glucosa en sangre. Lanza glucosa al torrente sanguíneo cuando el nivel de glucosa en sangre es bajo y almacena glucosa cuando el nivel es alto. Cuando el nivel de glucosa en sangre es alto, la insulina tiene el importante papel de indicarle al hígado que apague la producción de glucosa y comience a almacenar glucosa extra. Pero si una persona es resistente a la insulina, el hígado no responde normalmente a la misma, por lo que continúa liberando glucosa al torrente sanguíneo, incluso si el nivel de glucosa en sangre ya está elevado, lo que lo hace aún más alto.

Tratamiento de la Diabetes Tipo 2

El tratamiento de la Diabetes Tipo 2 implica tratar los dos problemas que la caracterizan: la resistencia a la insulina y la producción inadecuada de insulina. El tratamiento de una persona puede cambiar con el tiempo a medida que cambia su grado de resistencia a la insulina o su capacidad para producir cambios en la insulina. Muchas personas todavía producen una buena cantidad de insulina cuando inicialmente se les diagnostica con Diabetes Tipo 2, por lo que su tratamiento puede enfocarse principalmente en disminuir la resistencia a la insulina.

Las formas de disminuir la resistencia a la insulina incluyen aumentar la actividad física, seguir un plan de alimentación saludable y perder peso (incluso perder tan poco como 10 libras puede marcar la diferencia). Ciertos medicamentos también están dirigidos a tratar la resistencia a la insulina. La metformina (cuya marca comercial es el Glucophage) disminuye la cantidad de glucosa producida por el hígado, y la pioglitazona (Actos) y la rosiglitazona (Avandia) hacen que los tejidos grasos y musculares sean más sensibles a la insulina.

Otros medicamentos abordan la deficiencia de insulina estimulando el páncreas para que libere más insulina, ralentizando la digestión de carbohidratos en los alimentos, afectando a ciertas hormonas involucradas en la regulación de la glucosa en sangre o impidiendo que los riñones reabsorban la glucosa en el torrente sanguíneo. Usar uno o más de estos medicamentos y mantener la ingesta de carbohidratos moderada y dispersa durante el día puede ayudar al páncreas a mantenerse al día con las necesidades de insulina. Sin embargo, en última instancia, no es inusual que muchas personas con Diabetes Tipo 2 eventualmente necesiten inyecciones de insulina para suministrar suficiente insulina a sus cuerpos.

Muchas personas con diabetes Tipo 2 ven la progresión al uso de la insulina como un reflejo negativo de su capacidad para seguir su plan de alimentación, perder peso o, de lo contrario, cuidar su diabetes. Pero aunque siempre hay pasos adicionales que cualquier persona puede tomar para mejorar su salud, para la mayoría de las personas, la necesidad de usar insulina para controlar su diabetes no significa que carezcan de la fuerza de voluntad o el deseo de cuidar bien su diabetes. Es simplemente una cuestión de progresión de la enfermedad y la capacidad reducida de su páncreas para continuar produciendo niveles de insulina supernormales.

Glucosa en la Sangre

La diabetes se diagnostica en función del nivel de glucosa en sangre y se ha demostrado que mantener el nivel de glucosa en sangre en un rango casi normal previene las complicaciones comunes de la diabetes, como la enfermedad ocular, renal y nerviosa. Pero el nivel de glucosa en sangre no es la única preocupación en la diabetes.

La presión arterial alta y las grasas altas en la sangre (como el colesterol y los triglicéridos) a menudo se presentan junto con un nivel alto de glucosa en la sangre y también pueden causar complicaciones, como enfermedades cardíacas. Todas estas preocupaciones, la glucosa en sangre, la presión arterial y las grasas en la sangre, deben abordarse en un plan integral de tratamiento de la diabetes para una buena salud hoy y para prevenir complicaciones relacionadas con la diabetes en el futuro.

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